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Nuestra amiga y compañera del Departamento de Lengua castellana y Literatura Carmen Guirado nos ha escrito esta entrada:

A comienzos del siglo XVIII “ser mujer” era ser analfabeta y esclava del padre y del esposo. Las preocupaciones ilustradas por la educación de las mujeres no surgieron de forma espontánea, ya que, de un lado, eran transposición de las inquietudes pedagógicas generales y, de otro, entroncaban con una corriente de pensamiento que partía de los escritos de Vives y Erasmo en el siglo XVI. Durante el siglo XVIII, los efectos de la reforma y la contrarreforma hacen considerar oportuno instruir a las niñas también en leer y en el catecismo, al tiempo que la creación de instituciones religiosas femeninas dedicadas a la enseñanza (ursulinas, beatas, clarisas…) incrementa las oportunidades de hacerlo, sobre todo para las integrantes de las capas sociales superiores. Al mismo tiempo, continúa el debate sobre las capacidades intelectuales de las mujeres y el tipo de educación que les era más adecuada.

Sin embargo, conformes todos en la necesidad de reformar la enseñanza que se impartía a la mujer, las diferencias surgen al abordar los temas de dónde impartirse, por quiénes y cuál debe ser su contenido.

Respecto a los lugares de enseñanza, para la instrucción femenina, la casa cumplía una doble función. De un lado, se aprendían en ella las enseñanzas menos formales, es decir, las labores domésticas y, si era necesario, una profesión. Para las altas clases sociales representaba la oportunidad de proporcionar a las hijas conocimientos más completos contratando buenos profesores. A partir de este momento, se crean las primeras escuelas elementales, las cuales constituían el tipo de instituciones más numerosas y a las que correspondía la mayor parte de la educación femenina. En estas instituciones, generalmente gratuitas, predominaban las hijas de familias humildes, mientras las de artesanos y comerciantes acudían a establecimientos similares de pago. Por otro lado, menos caros que la educación en casa y más selectos que las escuelas elementales, eran los conventos y colegios de monjas, los cuales representaban el modelo de educación femenina separada por antonomasia.

Es importante señalar que la educación femenina duraba menos tiempo que la masculina. Estas limitaciones materiales unidas a los parámetros del discurso ideológico sobre la educación de la mujer daban en realidad pocas posibilidades a que la enseñanza de las jóvenes pudiese incluir un extenso currículum. Respecto a los saberes, el concepto aplicado era el de conseguir un "adecuado adiestramiento" de las alumnas, exaltando su papel social y su influencia moral como principales elementos conformadores de los programas. Se trataba sobre todo de formar buenas esposas, compañeras del hombre, y mejores educadoras de los hijos y la servidumbre. Los conocimientos intelectuales ocupan un segundo plano y estarían en consonancia con las necesidades sociales de cada receptora. Consecuentemente los currículos tenían tres puntos esenciales de referencia. En primer lugar, la religión, cuya presencia no se limitaba al estudio del catecismo sino que impregnaba todos los aspectos del proceso educativo. En segundo lugar, el aprendizaje de la lectura y escritura. En tercer lugar, las labores de la aguja, práctica que servirá a unas para ganarse la vida, y a otras, para evitar las malas consecuencias de una vida ociosa. Los colegios incluían, además, las artes de adorno -danza, música, dibujo...- y la dirección de la casa.

Mas no todos pensaron la educación femenina de forma tan restringida. Siguiendo la estela de algunas mujeres del siglo anterior, como Mary Astell, fueron varias las voces que se alzaron en la centuria ilustrada para combatir la idea de la inferioridad intelectual de la población femenina y criticar que se aparte a sus integrantes de una instrucción completa.





(Voces de Noelia, Jéssica y Ana)

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La música de fondo es el Prelude from Violin E Major Suite, Enlace de J.S. Bach, interpretado por Nicolás Muma Farruggia Enlace y ofrecido por Jamendo. Enlace

Trabajo de Rafael Pulet, nuestro Orientador, sobre Mary Wollstonecraft, una de las precursoras de la filosofía feminista.






(Voz de Álvaro Aguilar)

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A finales del siglo XVIII se sitúan los primeros antecedentes de los movimientos feministas Enlace.

Para conmemorar el día de la Mujer, hemos leído y comentado en clase un documento elaborado en plena Revolución Francesa, en la que las mujeres tuvieron un papel muy activo. Escrito por una mujer, Olimpia de Gauges Enlace, perteneciente a los estamentos no privilegiados de la sociedad, se puede considerar como uno de los primeros testimonios de la lucha de la mujer por la igualdad.
Después de su lectura y análisis en pequeños grupos, los alumnos de 1º de bachillerato nocturno (1NS) han realizado una puesta en común.






(Voz de Mª del Mar Soto Castro)

Música: Beethoven, Sonata 14, 1st part (JamendoEnlace).

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